lunes, 27 de marzo de 2017

Dulce

El tiempo no había preparado las heridas,
el tiempo no había cerrado el corazón.

















Las ganas vienen con la ausencia y el dolor.
Las ganas vienen con los recuerdos arrastrados. 
Las ganas vienen con miedos, con llantos y con más ganas.
Y yo, absorta en mi mundo no optaba por las ganas 
no existían para escritos, ni para pensarte.

Las ganas me faltaban, las ganas de querer, de tocar
de conocer y hablar.
Ganas que vienen nuevas, ilusión que se rompe rápido
es vida breve, es sentimiento vivo.

Las ganas te iluminan los días
y parece que el amor no estaba tan muerto...
Y vuelvo a creer con pequeños detalles
y vuelvo a ser aquella niña de quince años.

Las ganas engañan, la ilusión también.
Vienen y van, te suben y te bajan.
Las ganas vuelven a dejarte en el limbo, 
la duda y la presión del no saber, del esperar,
del suponer.
Me hiela la piel y se me dilatan las pupilas
las palabras podrían ser el poder más grande
y mis manos el mayor de tus refugios.
Las ganas de contener, del querer, 
de la mirada complice y los abrazos rotos.
Las ganas se van y vienen.


Las mías han vuelto durante un segundo
en el que me he sentido más viva que nunca.

Y ya se han ido.



Así son las ganas, las corazas y el sentimiento efímero más común.
Hablo de ganas, algo simple,  porque el romanticismo sigue en la mayor de las decadencias.

martes, 21 de marzo de 2017

Algo necesario

Analizando todo lo que nos ocurre a lo largo de nuestra vida, hacer un balance positivo o negativo es algo de lo más normal. Pero ¿qué ocurre si al hacer ese balance te das cuenta de que ha habido muchos momentos malos, muchas cadenas ancladas aún? Recuerdas que lo que se intenta hacer con la realidad es adornarla, perfumarla, esconderla y maquillarla...
En el continuo día a día vivimos alienados con lo que se supone que debemos tener, hacer y cumplir. Hacemos lo que se nos da aprendido, pero al final si al llegar a casa acabas llorando entre las sábanas es que algo no va del todo bien, ¿no?

Y vuelvo a la reflexión inicial... ¿ser extremadamente consciente de todo lo que te ha ocurrido a lo largo de la vida es bueno ? Se debe ser consciente de que los recursos, las ganas y la fuerza, pueden ir desapareciendo por el camino.
Al final sin quererlo, los bucles se repiten y dejan sombras, recuerdos, vivencias que dependiendo del individuo tendrán un peso u otro.
Y juntando todo este tipo de circunstancias, sin entrar en muchos detalles con nadie, sin darte cuenta estás en un pequeño túnel, ese que ya conoces. 
El túnel es la clara metáfora a la depresión y/o la ansiedad. 
Estos dos elementos te adentran en ese túnel y  te llevan a reflexionar sobre un millón de cosas. Si eres de los que llegan a conocerse lo suficiente como para aprender a salir del mismo, eres una persona con mucha suerte.
Yo me considero una de esas personas con suerte porque he salido de ese túnel o de ese agujero negro un par de veces a lo largo de mi vida, he luchado contra unos tipos de pensamientos que a mi parecer son claros, realistas y dolorosos.
Aceptar y asimilar que siempre volverá esa sensación, recordar cómo curar las heridas, cómo no derramar más lágrimas de las que debo.
Todo al final se basa en la fuerza que puedas tener en ese momento y en aceptar y asimilar las sensaciones que no paran de venir. Sean positivas o negativas.

La vida cansa amigos.

Alguno se escandalizará al leerlo, pero sí. 
La vida cansa. Repetir el mismo dolor en distintas etapas, cansa.
Ver como evoluciona la sociedad y el mundo en general tampoco ayuda a no acabar harto de todo lo que queda por venir.
Gente envenenada por todos los lugares y el amor cada vez más muerto.

Y cuando eres tan tan tan tremendamente consciente de todo esto, llegan las ganas de dormir y dormir y dormir y dormir.
Por lo menos a mí me pasa de esta manera, me deprimo pierdo toda energía y solo me apetece dormir para estar ausente todos los días que sea posible y necesario.
Pienso en las cosas que tengo que hacer, que quizás la semana anterior me apetecía mucho, pues en ese momento ya no. Me niego a hacerlo, no quiero, no me apetece. No me apetece nada.
Me encierro en mis cuatro paredes y el resto del mundo se puede ir a paseo. 
Esto ocurre siempre en el momento en el que más necesito de personas.
La lógica está presente solo por momentos cuando te encuentras en el túnel, eso es lo más peligroso.

Y es la lucha constante del:  ¿valdrá la pena seguir viviendo bucles? ¿seguir sacando fuerzas?

Porque a pesar de conocerte a ti mismo y de tener claros los límites, las dudas siempre están ahí, los momentos malos volverán y la esperanza también.

Es de valientes reconocer toda la mierda que nos rodea, ser del todo consciente aunque nos mate un poco por dentro. 
Es de valientes salir una y otra vez de un túnel que no sabes si acabará cuando lo empiezas.

Hoy hablo de esto porque creo que es algo que ocurre a mucha gente, son sensaciones muy comunes en realidad. Parece que a los ojos de muchos es un tema tabú, o el comienzo de un tema tabú. 
Para mí no lo es.
Reconocer todo lo referente a estos temas me parece algo importante. Se tiene que poder decir lo que realmente pensamos, a pesar de asustar al de al lado, a pesar de crear alarma o de correr el riesgo de que te llamen loco o suicida. 
Se tiene que enseñar a expresar lo que sentimos y también a pedir ayuda cuando lo necesitamos.
Creo que se avanza mucho en numerosos ámbitos de la sociedad, pero en otros todo se queda en un tabú, en un rumor de pueblo, etc.
Enseñemos a vivir. 
Hablemos de la vida y también de la muerte, son las dos caras de una misma moneda y solo tenemos que dar las herramientas (diálogo) para que las personas se decanten por una cara u otra. Y está claro que el diálogo y compartir experiencias siempre puede darte más fuerzas. 

Si no fuese tabú la respuesta a la vida es clara, aunque sigamos viviendo siempre entre un millón de dudas.






domingo, 19 de marzo de 2017

M






Sara Herranz


 La piel distante y seca.
Los engaños y las palabras que se dejan reposar sin más.
Quitando importancia a todos los destinos que marca tu piel 
sigo perdida y encontrándome en cada pasión esporádica
en cada segundo desgastado y cargado de un suspiro.
Y quizás no llegará nunca ese ansiado lugar especial
quizás la mirada que busco ya no existe.

El calor del sol me camufla, me conserva y me mantiene viva.
Cálida, palpitante, desconcertada, ingenua y estática.

Y sin vías de escape me encuentran los cazadores.
Aquellos que no miran más allá de ese objetivo, 
tener a la presa entre sus manos.  
La desidia de ese sentimiento me corrompe y me consume.
Soy la presa, la presa de aquel que confunde los sentidos 
y los términos de una atracción.
Soy la presa que escucha todas aquellas palabras
la que cree sin querer, 
la que es efímera ante la ausencia de amor.


Abren fuego las fantasías, 
las promesas y la falsa lealtad. 
Un juego conocido, no puedes confiar.
Y sin dejar de ser presa me alejo sin provocar ruido,
sin llamar la atención.
No busco ser presa busco ser parte.
Parte de las palabras, de la ilusión y la magia.


Sara Herranz





{Lo real es mucho menos complicado, más claro, más vivo, menos cazadores y más cupidos}