miércoles, 20 de agosto de 2014

Espejo de ojos cerrados.







El aire es asfixiante y la cabeza no se logra despejar.
Me gustaría abandonarme ahí, en medio del viento y la tranquilidad del sonido.
Ese sonido que no deja que escuches ninguno de tus pensamientos.
Un instante que ayuda a ventilar más lo que vemos día a día.
Lo que nos intoxica hora tras hora.

Para no hablar de ti ni de mí.
Para no hablar de nadie en concreto.

Todas mis arterias llenas de luz y madrugada
mis aromas se escapan entre tus oídos y mis labios cuando hablan lento y ya desganados.
Por todo lo que no he hecho, por todo lo que deseo hacer y el tiempo se me gasta
entre tu tacto, entre tu escasa poesía y mis suspiros, mis punto y coma.

Sin vocablos que sobren en un encuentro inesperado y desesperado
donde el tacto se desea y donde la voz es parte de un horizonte pasional y peculiar.
Sin aire, me dejas sin piel, ni pensamientos
eres tan impactante que ni mis mejores escapadas, pueden dejarte fuera de 
mi campo de inseguridad ya construído.


Soy difícil de comprender, tú quizás un poco más.


[Una luna más mordiendo tu piel]





























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