Se desnuda mi piel ante la melodía ya conocida.
Me despierta el alma el ser y la sensualidad.
Me meces como el viento suave y lento.
Me produce la misma sensación que tocar
un cristal que está a punto de romperse.
Volver al filo, a la cosquilla, a la necesidad
las ganas de rozar la piel, de sentir esa chispa
que puede llevarte al mismo cielo
o dejarte sin más que un respiro en el suelo.
Quizás una mirada que puede explicarlo todo,
quizás la vida que juega con cada una de las tentaciones.
Y comienza subiendo por mis piernas,
como el mejor y mayor recorrido
y sin quererlo pierdo la vergüenza.
Calma el ansia, déjame lo salvaje, mi territorio,
tan pocas veces ocupado.
Tan pocas veces liberado.
Se apagan las luces y puedo llegar a oler
tu piel, sin tan siquiera haberla tocado.
Cada trazo queda pendiente en una fiesta
descontrolada de imaginación, ganas y frenesí.
Memoriza cada uno de mis lunares,
cada paso se acerca más a la mortalidad más bella,
al suspiro que ahoga cuando los latidos son los que marcan el tempo.
Siento que me queda mucho por descubrir
siento que quedan trazos de mi piel sin ser descubiertos.
Descifra mi mirada para poder ser, fluir sentir y delirar.
Se puede descubrir un cuerpo de muchas formas,
siento que no he sido descubierta al completo.
Siento que lo variable, lo falso me ha empapado de oscuridad,
me ha encarcelado y mi ser salvaje sigue sediento,
mirando desde las rejas, esperando la oportunidad correcta
para no volver a ser encerrado.
Para jugar libre entre sábanas,
cigarrillos y sed de piel y besos.

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