jueves, 6 de diciembre de 2012

Natura




Poca gente de la que conozco sabe lo que es añorar "tu tierra" como se suele decir.
He vivido en Latinoamérica, en Chile, solo ocho años de mi vida, los primeros y los mejores.
Así los recuerdo.
Recuerdo a la gente.
La historia, las clases y ese aire, con el cielo "azul clarito"..
La cordillera majestuosa e inmensa velando por todos cada mañana, cada noche estrellada en aquella ciudad.
Mis costumbres, son inmensas. Raíces infinitas creadas desde siempre.
Momentos vividos tan indescriptibles, que por ello se hacen únicos.

Costas inmensas.
Playas con bosques.
Cabañas de colores con infinitas historias.
Gente con coraje y ganas de lucha, orgullo y ganas de avanzar.
Bosques, lagos y aire puro.

Tierra de artistas y poetas.

Veranos somnolientos de felicidad, juegos con insectos en un jardín que guardaba mil historias.
Inviernos con té, con amor y abrigo.
Escarcha que sorprendía en el césped de mi infancia.
Sonrisas cada fin de semana al disfrutar con mi familia y el sol que iluminaba de manera suave en el jardín de mi abuela.

Se perdona, pero no se olvida, es una tierra de dolores recientes, de abusos continuos a manos de grandes potencias y de pesar en años.
Su gente, sus palabras y sus sonrisas son especiales.


Mi tierra, ese lugar donde aprendí la importancia de cada tradición.
El lugar donde aprendí los verdaderos valores.
La importancia de mi familia.
Tierra de profundidad
de pobreza y ayuda.

Mi tierra, aquello que me ha enseñado a añorar mi hogar,
mis recuerdos y mis anteriores emociones.



Mi tierra, ese recuerdo tan difuso en el tiempo y tan constante en mi palpitante corazón.










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